Carlos Jesús, el vidente que decía venir del planeta Raticulín, conquistó la televisión en los años 90 y a toda una generación, aquella que siendo niños recorría los patios de los colegios repitiendo su inigualable gesto con las manos. Carlos Jesús falleció el pasado 27 de enero, y, pese a haber sido una leyenda de la televisión de aquella época, nadie se enteró de su muerte hasta que hoy Y ahora Sonsoles ha dado la noticia.
"No se ha enterado nadie porque no le interesaba, estaba tan triste por la historia que le hizo famoso, que perturbó su día a día", aseguró Jesús Chavero, amigo de Carlos Caballero Rey, su verdadero nombre, que ha confirmado que incluso él se enteró de su muerte hace tan sólo 10 días.
La historia de Carlos Jesús es la historia de muchos otros, de los que después fueron llamados "los juguetes rotos de la televisión". Saltó a la fama gracias a Alfonso Arús y su programa Al ataque que se emitía en Antena 3. Dos entrevistas fueron más que suficientes para que Carlos Jesús se convirtiera un icono. Dos entrevistas en las que un joven reportero, Javier Cárdenas, se mofaba de él. Era lo que primaba en esa época con estos personajes y con sus peculiares historias.
La de Carlos Jesús era las más atípica y destornillante. Aseguraba haber nacido en el planeta ficticio Raticulín y haber resucitado tras dos supuestas muertes por descargas eléctricas. Además, afirmaba haber recibido una misión divina de Jesucristo. Todo ello, acompañado de sus gestos, de su peculiar vestimenta y de su particular voz lo convirtieron en una figura inolvidable de la televisión de la época.
Cada frase de Carlos Jesús en televisión se hacía lo que hoy llamamos viral, desde aquella de las "las 13 naves que vendrán de Ganímedes", hasta algunas más fascinantes: "El sol estará tapado, la gente mirará al cielo y a la tierra se acercarán tres millones de naves que recogerán a los 10.144.000 de personas que tengan la señal del Padre y del Hijo impuesta por mí. Los demás, aunque han sido llamados, no han creído. Porque muchos creen que es un cuento".
Tal fue su éxito que años después cuando nació Crónicas Marcianas, Xavier Sardà y Cárdenas dio el salto a dicho programa le convirtió en aún más leyenda. El programa del late night de Telecinco explotó todavía más donde la burla hacia el personaje en cuestión, sonsacando su cualidad discutida de vidente que aseguraba ser la reencarnación de Jesucristo y tener una existencia paralela en Raticulín, en Ganímedes, en la constelación de Orión o en varias estrellas Beta y en el Sol. En su existencia terrícola residía en la localidad de Dos Hermanas, Sevilla, en cuya puerta podía leerse un letrero que rezaba Carlos Jesús. Curaciones por fe.
Durante su carrera televisiva aseveró, entre otras excentricidades, que tenía unos "microchís" que le otorgaban poderes para reparar ordenadores. Carlos Jesús se dividía en otras dos personas distintas: Crístofer y Micael. Cuando se transformaba en Micael, hablaba con voz de robot y correspondía a la voz de Jesús. Mientras que Crístofer era el encargado de mantenimiento de las naves espaciales. Todo un despropósito que conquistó a la audiencia que se reía con él, de él y, a la vez, espantaba.
Carlos Jesús creó un personaje que lo tenía absolutamente todo para triunfar en esos programas que tanto encandilaron a la España de antes de comienzo de siglo y de los primeros años del siglo XXI donde las excentricidades, las burlas, las mofas y la exageración de la caricatura social eran lo que daban grandes índices de audiencias.
Tras su etapa de gloria en la pequeña pantalla, Carlos Jesús se retiró del foco mediático y regresó a sus verdaderas raíces y su historia real en Dos Hermanas. Allí estableció una consulta privada, donde continuó ejerciendo como curandero y vidente. Aquella placa en la entrada era el único recuerdo de su pasado televisivo del que intentó huir y que le marcó para siempre, incluso en su muerte.
Según Chavero, su paso por la televisión le provocó un gran desgaste mental que no supo cómo afrontar, hasta el punto que, según su amigo, le llevó a morir casi en la soledad, sin que mucha gente de su propio pueblo se enterase de su fallecimiento.
Carlos Jesús se une así a la lista de esas figuras de la televisión de principios de siglo que tantos momentos imborrables dejaron en la memoria de muchos, como la Bruja Lola o Anthony Blake, quienes también encontraron en programas como Crónicas Marcianas un escaparate para sacar rentabilidades de sus excentricidades.
Su muerte se suma a la pérdida de una etapa de esa televisión desenfadada, transgresora y sin líneas rojas que, según palabras del propio Xavier Sardà "ya no podría hacerse hoy por los filtros y tabúes actuales".